jueves, 5 de mayo de 2016

La narración como mecanismo de aprendizaje: La pedagogía narrativa.

    Como dijo Bruner “Somos fabricantes de historias”. (“La fábrica de historias. Derecho, literatura, vida. 2003 Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica).
Las generamos, consumimos, propagamos… rodeados constantemente de ellas son algo connatural al ser humano. Nuestra memoria tiene una estructura narrativa. Sus contenidos, formas y maneras de expresión así lo ponen de manifiesto.  En palabras de Mendoza  “la memoria es narrativa en un doble sentido, como relato de progresión de acontecimientos en el hilo del tiempo y como conformación de una trama (con actores, escenarios y acciones)”. (“Las formas del recuerdo: la memoria narrativa” Athenea Digital, pág.6).

Ante esto, nos percatamos de la importancia de la narrativa en la educación y algunos ya lo expusimos en el capítulo anterior, dando cuenta de la aplicación de distintos materiales y recursos narrativos en la enseñanza del español. Hablamos del cine, novela, mitos, cuentos, música, comics, videojuegos …  e incluso la narrativa digital pero yo quiero ir más allá y resaltar el uso de  la pedagogía narrativa en el quehacer diario. Aunque muchas veces los contenidos que enseñamos son difíciles de transmitir en primera instancia mediante estos recursos, no dejamos de incluir elementos claramente narrativos en nuestras explicaciones: bromas, recuerdos, anécdotas, testimonios, ejemplos significativos, cercanos y actuales… porque en palabras de Barbara Hardy (“Narrative as a primary act of mind”, 1977, pág.13): “…soñamos narrando, ensoñamos narrando, recordamos, prevemos, esperamos, nos desesperamos, creemos, dudamos, planificamos, revisamos, criticamos, construimos, chimentamos, aprendemos, odiamos y vivimos por medio de la narrativa”.
Aunque más propia para nuestra especialidad y que da mucho que pensar es otra cita del ya nombrado Bruner: “conferirle extrañeza a lo familiar, transformar el indicativo en subjuntivo”.

En suma creo que las historias son universales, en el sentido de que pueden tender puentes culturales, lingüistícos y generacionales, y que la narración  es una acción implícita en la experiencia y el conocimiento por lo que resulta esencial en el proceso de enseñanza-aprendizaje. 


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